Para un responsable de facilities, la pregunta que determina si un servicio es viable no es si el concepto tiene sentido. Es si el servicio genera trabajo para su equipo, y en qué medida ese trabajo es predecible, de baja frecuencia y sin dependencia de terceros externos que hay que coordinar.
El dispensador
El equipo físico es un dispensador de acero inoxidable, mecánico sin necesidad de electricidad ni conexión a red. Tiene cerradura de seguridad, sistema de retardo anti abuso, e instalación sencilla que realiza el propio equipo de la empresa con los materiales de apoyo que proporciona Temis. La capacidad es de aproximadamente 80 tampones y 50 compresas.
El primer envío e instalación
Tras la contratación del servicio, Temis envía los dispensadores junto con los materiales de instalación. El equipo de la empresa los instala en los aseos o espacios designados siguiendo las instrucciones incluidas. El proceso no requiere herramientas especiales ni conocimientos técnicos.
El ciclo de recargas automáticas
Basándose en el número de dispensadores y el consumo estimado acordado al inicio, Temis programa el envío automático de recargas cada 3 o 6 meses. El paquete llega directamente a las instalaciones. Cuando lo recibe, alguien del equipo abre el dispensador con la llave de seguridad y repone en menos de cinco minutos.
No hay que solicitar la recarga, no hay que coordinar una visita técnica y no hay que gestionar una incidencia por el dispensador vacío porque, con el ciclo automático bien calibrado, el producto está disponible antes de que se agote.
¿Qué aporta al equipo interno?
La única tarea recurrente para el equipo de facilities o de administración es la reposición física cuando llega la recarga: una o dos veces al año por dispensador. Tarea de baja frecuencia, sin fricción técnica y sin dependencia de coordinación externa.
Si el consumo real difiere del estimado inicial, el ciclo de recarga se ajusta. Esta es una de las funciones del soporte continuo que incluye el servicio: el equipo de Temis está disponible para revisar la frecuencia y el volumen de las recargas en función del uso real.